miopia, operacion laser, cataratas

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jueves, 23 de agosto de 2012

Todo lo que debemos saber del parpado


 Parpados hinchados, parpados caidos, parpados inflamados, parpados rojos, parpados resecos... respuestas a muchas de las dolencias que se producen en los parpados.


Aunque tendemos a prestarle más atención a la vista, los parpados son los encargados de proteger a los ojos, los humedecen y los limpian del polvo, la suciedad y las partículas.  Por tanto merece una adecuada atención. 

Las enfermedades más frecuentes en los párpados son las siguientes: 


-          Orzuelo: se trata de una infección en unas glándulas que hay en el párpado llamadas de Zeiss en la base de las pestañas que provoca una especie de grano o bulto rojo muy doloroso y molesto. En general, las molestias del orzuelo disminuyen tras la aplicación frecuente de compresas calientes, aunque en ocasiones se requiere un antibiótico ya que se debe a una infección. Es muy común en los niños.
-          Chalacion: es otro tipo de inflamación en otra glándula llamada Meibomio. Se manifiesta a través de un nódulo firme, generalmente no doloroso en los párpados superiores o inferiores, pero por dentro (a diferencia del orzuelo que es por fuera). El chalacion tiende a ser crónica, es decir que se repite continuamente. En muchas ocasiones los chalaciones desaparecen solos, pero cuando su crecimiento afecta a la vista puede ser necesarios y recomendable quitarlos.
-          Parpados caidos (ptosis o blefaroptosis): se produce cuando el borde de la parte superior del parpado cae a una posición por debajo de lo normal. En ocasiones, el parpado caído puede cubrir la totalidad o parte de la pupila y dificultar la visión. Puede afectar a uno o a los dos ojos, y aparecer en el momento de nacer o desarrollarse gradualmente con el paso de los años.
-          Lagoftalmos: es una enfermedad que hace casi imposible cerrar los párpados por completo, se puede deber a una parálisis o a un acortamiento de los párpados, entre otros motivos. Como el ojo no se cierra correctamente, la lagoftalmos puede hacer que el ojo se seque, se infecte o se produzca una lesión en la cornea, lo que puede hacer que se pierda la visión y hasta el mismo ojo. Por tanto, es esencial protegerlo con lágrimas artificiales.
-          Blefaroespasmo: es una enfermedad que provoca el cierre repetitivo de los párpados que puede deberse a enfermedades que irritan distintas partes del ojo como la cornea, la conjuntiva o el nervio facial, aunque también puede ser causado por la fatiga o defecto de refracción no corregido, o simplemente deberse a un tic normal. 

Fuente: vidaysalud.com
Fotos: wikipedia, angelartega.es

miércoles, 8 de agosto de 2012

El uso continuo de gafas pesadas y mal adaptadas puede deformar el párpado y provocar irritación ocular.

El oftalmólogo de USP Costa Adeje José Miguel Pérez-Dieste ha publicado en la revista “Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología” un artículo en el que recomienda la utilización de lentes ligeras. 

La utilización continua y prolongada de gafas especialmente pesadas pueden provocar, sobre todo en las personas mayores, cierta deformación en los párpados que, a su vez, generan lagrimeo e irritación ocular. Así lo defiende el oftalmólogo del Hospital USP Costa Adeje José Miguel Pérez-Dieste en el artículo “Ectropión palpebral por gafas. Síndrome del centurión mecánico”, que firma junto con la Dra. Castroviejo-Bolívar de la Clínica Oftalmológica de Santiago de Compostela. Este artículo científico ha sido publicado en la web de la revista Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología y saldrá en el próximo número de su edición en papel.

En este documento los especialistas analizan el caso de una mujer de 73 años que sufre lagrimeo e irritación ocular que no remite a pesar del tratamiento médico y sin que fuese evidente una obstrucción de las vías lagrimales. Por eso, optaron por examinarla con su gafa y así fue como pudieron determinar que ambos párpados inferiores presentaban ectropión de tercio interno, es decir, una deformación del párpado que hace que éste se pliegue hacia fuera.

“Esta paciente mejoró considerablemente tras pasar varios días sin utilizar unas gafas que llevaba desde hacía siete años”, subraya el doctor Pérez-Dieste, quién asegura que “llegar al diagnóstico correcto puede ser más complejo en casos en el que el factor precipitante es la gafa ya que, normalmente, la exploración del paciente se realiza sin que éste lleve la gafa puesta”.

Precisa que el ectropión palpebral es una causa frecuente de consulta en los despachos de Oftalmología. El oftalmólogo de USP Costa Adeje explica además que el lagrimeo y la irritación ocular que produce hace que el paciente se limpie y frote contantemente el ojo, lo que empeora su situación. 

En los casos en que la gafa es el principal desencadenante de esta patología, ésta se produce porque el apoyo de la misma sobre la mejilla presiona el párpado inferior hasta que provoca la formación de un pliegue; por ello cuanto más pesada y menos anatómica es la gafa, peor. “El peso de la gafa (33gramos) tracciona anterior y caudalmente el tejido, forma un pliegue epicanto llamativo y un ligero ectropión de tercio medial, similar al denominado síndrome del centurión”, precisa el especialista.

Se conoce como Síndrome del Centurión a la patología que provoca lagrimeo e irritación ocular en personas con una alteración del tendón cantal interno del ojo de forma que el tercio interno del párpado pierda el contacto normal con el globo ocular. Generalmente se produce en personas con una nariz grande que recuerda a la de los centuriones romanos.

Según apunta el doctor Pérez-Dieste, en el caso de la paciente objeto de este estudio pudieron determinar que el peso de la gafa modificaba la estructuras anejas del ojo formando este pliegue epicanto y el ectropión. “De ahí el nombre de Síndrome de centurión mecánico, por la importancia del factor mecánico”, recalca.

“Gracias al uso de materiales más ligeros y mejores diseños en la construcción de las gafas, estos casos son cada vez menos frecuentes en la práctica clínica”, concluyó el doctor José Miguel Pérez-Dieste. 

Fuente y foto: noticiasmedicas.es